29 junio, 2009

Los parsis

. Introducción. El moderno p. es el continuador de las doctrinas del zoroastrismo tal como se entendían en el Irán en época sasánida (v.). La vieja religión de Zoroastro (v.) se asoció al tiempo de los soberanos de esa dinastía, que en la historia persa viene a representar un renacer a una nueva vida como nación al pasar de un largo periodo de anarquía a un estado unitario y nacional (v. IRÁN IV y VII). Todo empezó a caminar hacia una renovación comenzando por el terreno de lo religioso. De hecho quedaban muy pocos documentos del zoroastrismo en época sasánida. En época aqueménida (v.) debió de existir una colección de textos del mazdeísmo (v.), pero quizá la conquista macedónica ocasionó su pérdida. En el s. I d. C. seguramente se redactaron los Gatha, al recogerse las tradiciones orales conservadas por los magos. Ardaschir, el gran soberano sasánida, dio órdenes para que se continuase este tipo de trabajo y así quizá apareció el Avesta (V. ZEND AVESTA).

Es muy natural que la restauración sasánida, que representó esencialmente una reacción irania contra las influencias de tipo helénico, se apoyase sobre una religión de base nacional y que tratase de reactivarla. Los sasánidas dieron al clero un gran poder. Convertida la doctrina de Zoroastro en la religión del estado, Persia fue dividida en provincias religiosas, a cuya cabeza había un mobed. A la cabeza de todo el sistema religioso estaba el mobed de los mobeds, que tenía un poder sin límites. Era el primer dignatario de la corte, coronaba a los soberanos y reprimía con dureza todos los errores que pudieran propagarse. Además todos los que profesaban cultos de origen extranjero eran objeto de tenaces persecuciones.

2. Historia. Para comprender bien a los parsis actuales hemos de ver en ellos los legítimos descendientes de los mazdeístas sasánidas (v. MAZDEÍSMO). El parsi de ahora es, pues, un adorador de Ormuz y un seguidor del profeta Zoroastro. En la actualidad el p. ha quedado limitado a la India, donde fueron a establecerse los fugitivos que provocaron las persecuciones de los invasores árabes en el s. VII. La ciudad india con comunidad parsi más numerosa es Bombay (v.), pero prácticamente en todas las ciudades importantes hay un pequeño núcleo parsi. Los musulmanes les llamaron quebres, que significa «infieles», con la habitual intolerancia de las gentes en expansión, pero los parsis rechazan esta denominación y se llaman a sí mismos behdin, es decir, «seguidores de la buena religión». A partir de la revolución persa oficialmente la comunidad parsi pasó a llamarse zerduchti, es decir, partidarios de la religión de Zoroastro.

El primer núcleo vivió en la isla de Diu durante diecinueve años, más tarde la comunidad pasó por varias circunstancias que le llevó a establecerse en Gudjerat y desembarcó en Sendjan al parecer en el a. 716 d. C. Tuvieron la fortuna de recibir la autorización de los soberanos indios y allí permanecieron definitivamente establecidos. No obstante, se produjo la invasión musulmana hacia el 1315 y los parsis se vieron obligados a buscar refugio en las montañas. El poderío musulmán se fue debilitando y entonces la colonia parsi pudo volver a establecerse en su antigua residencia. Entonces se asiste a un momento de expansión de esta religión, pues se fundan colonias en Surat, Nansari y Bombay. En esta última gran urbe se establecieron ya en tiempos de la dominación portuguesa en el S. XV y en ella ha quedado el principal centro de la actividad parsi.

Los primeros continuadores de Zoroastro llegados a la India se vieron obligados, debido a las circunstancias y al ambiente hostil en que se hallaban, a envolver su religión en un halo de misterio. Sólo en el S. XVIII se empezó a tener noticias en Europa de la existencia de esta comunidad parsi y de su doctrina gracias a que el explorador francés Anquetil-Duperron trabó conocimiento de ello. En Surat este viajero consiguió adquirir un manuscrito del Avesta, y sacarlo de la India llevándolo a la biblioteca real en 1762. A partir de tan precioso documento comenzaron las investigaciones sobre el p. y se supo que los parsis se declaraban seguidores de Ahura-Mazda y que acataban con esmero las obligaciones siguientes: mantener el fuego sagrado y quemar perfumes, honrar a los antepasados con ceremonias que se celebraban anualmente, hacer abluciones y construir pozos y cisternas, además de otras obligaciones menores.

La fuerza creciente de las misiones y muy especialmente la obra de John Wilson, que en 1839 intentó atraerlos al cristianismo, obligó al p. a definir su postura y a hacer pública la doctrina. Los dasturs, altos sacerdotes, fueron los que iniciaron esta propagación de las ideas parsis.

No se conoce con exactitud el número de parsis que llegaron a la India procedentes del Irán, pero sin duda debía de tratarse de una comunidad no muy grande. Sin embargo, su índice de natalidad es bastante alto. En la actualidad su número pasa con toda seguridad de los cien mil, de los que la inmensa mayoría residen en Bombay. Las dos sectas de que se compone la comunidad parsi, shahenshahis y qadimis, están en notoria desproporción, siendo mucho más numerosa la de los shahenshahis.

En Persia vive todavía en el momento actual un núcleo parsi compuesto por unas 10.000 personas en el Yedz y en el Kirman. En las ceremonias de culto se observan bastantes diferencias con la comunidad india.

3. Doctrina. a. Los sacerdotes. Los sacerdotes del p. se llaman mobeds, nombre que quizá provenga del de una antigua tribu en la que el zoroastrismo tuvo gran fuerza. Tal como ocurría en Israel o en el hinduismo, el oficio de sacerdote es hereditario, pero los hijos del sacerdote no están obligados a seguir su profesión. Un incidente ocurrido entre dos grupos de mobeds ocasionó el que la religión parsi esté dividida en dos sectas diferentes. No se pusieron de acuerdo los sacerdotes, al parecer, en qué mes debía celebrarse el año nuevo o naorog. Unos afirmaban, según se dice, que tenía que hacerse en agosto, y otros que en septiembre. Los primeros dieron origen a la secta kadmi y los segundos a la shenshalis o shenshani. Ambas tienen su centro en Bombay.
A la cabeza de los colegios sacerdotales se encuentran los dasturs, altos sacerdotes, vestidos de blanco y conlarguísimas estolas. Su ocupación consiste en cuidar la doctrina y los actos de culto. En la actualidad en cada gran templo se encuentra un dastur. No obstante, los parsis procedentes de Persia no conocen esta distinción entre dasturs y mobeds.

Para llegar a ser un ministro de la religión parsi hace falta primero demostrar la propia capacidad pasando por varias ceremonias de iniciación. La primera se llama novar y el aspirante si la pasa se convierte en ervad, lo que le califica para las funciones del culto. Para pasar esta prueba es necesario estar totalmente libre de defectos físicos y conocer las ceremonias de la ley. Además tiene que conocer de memoria los libros sagrados: el Yasna, el Vispered y el Khorda-Avesta. Después de ello se procede a purificar al candidato en la ceremonia llamada de Barashnum, gran purificación de nueve días a la que es sometido dos veces. El candidato permanece aislado en un retiro absoluto y mediante ritos especiales va adquiriendo la pureza necesaria para poder ejercer después funciones religiosas al servicio de su doctrina. Después en una solemnísima ceremonia el fututo mobed va recitando el yasna, el libro sagrado, totalmente de memoria ante la presencia de un ministro superior: el dastur. Tras esta prueba el candidato permanece cuatro días en total reclusión dentro del ámbito del templo. Pasado este último requisito ya puede considerarse mobed, y está preparado para cumplir todas las misiones que entraña su función. Sus principales ocupaciones religiosas serán la de recitar las oraciones y la de mantener siempre vivo el fuego sagrado.

b. Monoteísmo. Es una religión eminentemente monoteísta, como la de Zoroastro, que tiene como dios verdadero a Ahura-Mazda, origen y creador del universo, conservador de todas las cosas, dueño y señor del mundo. La morada de Ahura-Mazda es el cielo y su cuerpo es la luz infinita. La característica fundamental y que da gran fuerza y originalidad al p. es la creencia de que en el mundo hay dos principios, dos fuerzas, de los que todo depende: el del bien y el del mal. Ahura-Mazda es el creador del bien, Ahrimán ha creado el mal. No obstante, para el parsi estos principios, aunque contrapuestos, no son claramente hostiles; en todo caso no parece un dualismo (v.) estricto, puesto que al final ha de triunfar el bien. El seguidor del p. está obligado a adorar a Ahura-Mazda y a hacer siempre el bien así como a rechazar toda inclinación hacia el mal y a apartarse de Ahrimán. El principio del bien representa el imperio de la luz, la victoria de la verdad, lo más noble y alto que concebirse pueda. El principio maléfico creado por Ahrimán representa el predominio de la oscuridad, el triunfo de la mentira y de la bajeza. El parsi no limita esta gran dualidad al mundo de las ideas, sino que cree firmemente que los dos principios se extienden, están presentes, en todas las cosas que vemos. El universo viene a ser un teatro, un escenario, donde se desarrolla la lucha, la contraposición, de los dos principios.

La identificación del bien con la luz ha originado que algunos dijesen que los parsis venían a ser unos adoradores del fuego, pero ellos, monoteístas convencidos, rechazaron este argumento. El fuego es únicamente el símbolo que representa a Ahura-Mazda, pero no es en sí mismo ninguna divinidad. Los parsis explican esta distinción basándose en el Avesta. Afirman que si bien Zoroastro, tal como dicen los Gathas, hablaba del fuego considerándolo una criatura sumamente poderosa y brillante, y lo prefería a todo otro símbolo para representar a Ahura-Mazda, pues no era tan material como otros, en ningún momento recomendó que fuese adorado como un dios ni tan sólo que fuese preciso establecer un culto especial dedicado al fuego.

c. El más allá. El p. se basa también en la firme convicción en la inmortalidad del alma y en una nueva vida en el más allá. Según la religión parsi en el espíritu de todo humano hay dos elementos esenciales llamados urvan y fravashi. El urvan es la parte espiritual del humano responsable de sus actos, tanto los buenos cuanto los malos; es, pues, la parte del espíritu que puede recibir la recompensa o la condena por su comportamiento. La fravashi es la parte espiritual del ser que está en situación de total independencia respecto a la vida material; es anterior al hombre y por ello dura más allá de la muerte del individuo; viene a ser su prototipo divino. La fravashi no es_ propia sólo del hombre; Ahura-Mazda y los principales personajes santos de la religión parsi la poseen también; las fravashi de los antepasados son objeto de una celebración especial cada año.

Punto muy importante del p. es la creencia, profundamente arraigada, de una nueva vida, eterna y feliz, en el más allá (v. INMORTALIDAD; ULTRATUMBA). Cuando el hombre que ha seguido una vida justa muere, el alma se desprende de su cuerpo e inicia un viaje. Cruza un puente llamado chiuvat, luego entra en la gran morada de la luz. El alma del humano que se ha inspirado durante su vida en los principios del mal cae en el infierno y allí llevará una vida en la oscuridad. El premio del justo y el tormento del malo no se consideran eternos, sólo duran hasta que llegue el Farshogard, es decir, la definitiva renovación del mundo; en este periodo todo se reconstruirá y quedará purificado para siempre. Cuando se produzca el Farshogard el creyente parsi está convencido de que todas las almas, tanto las de los buenos cuanto las de los malos, volverán a sus cuerpos respectivos, nuevos, en una dicha que ya no terminará. Entonces el principio del mal desaparecerá completamente y se producirá la gran reconciliación universal. Todo ello sucederá cuando termine el ciclo actual del mundo y el último de los salvadores llegue; este último personaje consumará la definitiva purificación. Se llegará al reinado definitivo, sin principios opuestos, del principio del bien y el imperio de Ahura-Mazda será el único que existirá en el Universo. La originalidad del p. en lo que a la regeneración del mundo se refiere se aprecia en que las almas de los hombres condenados a la oscuridad en lo más profundodel universo se piensa que saldrán de los infiernos y quedarán definitivamente limpias de taras, borradas por el definitivo triunfo de Ahura-Mazda.

d. Los lugares de culto. El culto del p. se realiza en el templo, llamado darimihr por los creyentes (es decir, «puerta o palacio de Mihr»). El templo es denominado también agyari en muchas ocasiones; esta palabra deriva de ag, que tiene la significación de fuego. Como cabía esperar del simbolismo parsi, en los templos se guarda el fuego, que para el creyente no es en absoluto ordinario, pues tiene una pureza especial. Antes de ser recibido y de ser objeto de los homenajes que le van a prestar, el fuego pasa por una serie de ceremonias purificadoras. Los ritos que se realizan en el templo son bastante complicados y el ceremonial ocasiona bastantes gastos, además de la multitud de cuidados que los sacerdotes deben emplear para el culto. El fuego sagrado, símbolo de Ahura-Mazda, debe ser el resultado de la unión de varios fuegos de distinto origen, entre los que cabe destacar el producido por el rayo. El ciclo de purificaciones de estos fuegos es muy largo, durando incluso un año; al final del mismo todos los fuegos son reunidos en un recipiente único sagrado, que a su vez ya ha sido purificado previamente. El fuego resultante queda bajo los solícitos cuidados de los sacerdotes en el templo. Su conservación es observada con todo rigor, pues se piensa que su extinción traería consigo graves desastres e infelicidades para la comunidad. El fuego sagrado recibe de los parsis el nombre de Atash-Bahram, es decir, «sustancia ígnea suprema».

El templo parsi consta de dos partes fundamentales. La primera es la cámara sagrada, donde, claro está, se conserva el Atash-Bahram. La segunda parte consiste en la cámara destinada a las ceremonias del culto. La cámara citada en primer lugar tiene una plataforma de piedra sobre la que está depositado el vaso metálico que contiene el fuego. El sacerdote está obligado a visitarlo cinco veces al día, a alimentarlo con sándalo previamente purificado, y a recitar en su presencia todas las oraciones que manda el ritual, con la boca tapada por un velo, para que su aliento no pueda manchar el fuego. No se hallan nunca representaciones de la figura de Ahura-Mazda, tal vez por influencia del islamismo y más remotamente de la prohibición del A. T. de hacer imágenes o pinturas de Dios.

En la cámara del templo destinada a la celebración de ceremonias religiosas hay establecidas varias divisiones que cumplen la función de marcar el lugar exacto donde el sacerdote debe recitar de memoria las oraciones, menos numerosas ahora que antiguamente. La principal oración es la yasna, acompañada de un complicado ritual. Otras ceremonias que se realizan son la consagración del Hom, la consumación del parahom y del darum, los oficios afringan, entre otros. Todas las ceremonias se desarrollan en la lengua del Avesta, pues el parsi considera que los ritos celebrados en lengua distinta no serían lo suficientemente eficaces para la comunidad.

e. Matrimonio, funerales y purificaciones. En lo que al matrimonio se refiere los parsis son monógamos; practican mucho las uniones consanguíneas, lo que tiende a perjudicar a la comunidad, y velan mucho por la conservación de su religión evitando el matrimonio con personas que no sigan la misma confesión. El Avesta, que no da instrucciones expresas sobre la ceremonia del matrimonio, explica claramente el modo de celebrar los funerales. Los cadáveres deben ser llevados a lugares altos, no incinerados como sucede en la India ni enterrados como en otras religiones, donde se levantan las famosas torres llamadas «del silencio» o dakhumas; de esta manera la tierra no sufre la ofensa de los cuerpos en descomposición. El cuerpo del difunto es colocado en una plataforma, extendido de cara al sol, y allí va siendo devorado por las aves de rapiña. Como es lógico, los funerales van rodeados de una serie de ceremonias que se refieren a las ideas zoroastrianas sobre la higiene, el aislamiento, la purificación y la limpieza, y de oraciones para ayudar a que el difunto logre su ventura ultraterrena en el reino del bien.

Ya hemos visto el papel extraordinariamente importante que la purificación juega en la vida de la comunidad parsi, pues está ordenado que el buen seguidor de Zoroastro y del Avesta debe estar libre de toda impureza material. Tanto los sacerdotes como el resto del pueblo están obligados a seguir la purificación bajo tres formas distintas. El primer tipo es el llamado padyab, que consiste en lavarse concienzudamente las manos y los brazos hasta el codo, los pies hasta el tobillo, y la cara. El segundo tipo es el ghosel, que reside en lavarse todo el cuerpo con orines de vaca. Por último existe el Barashnum, o retiro, que ya hemos visto en las pruebas para ser nombrado sacerdote. Para que el sacerdote pueda entrar en el templo y celebre convenientemente las ceremonias del yasna y del vendidad es necesario que se halle en un estado de pureza total llamado yaozdathragar mobed, lo que significa «mobed en estado de pureza». Los orines de vaca tienen función purificadora, pero para ritos de poca importancia. Para los actos de gran relieve son necesarios los de toro. Los materiales purificadores también deben estar rigurosamente limpios, pues si no carecería de sentido todo acto de culto realizado por el sacerdote.

f. Relaciones e influencias. Se hallan múltiples referencias de la religión de Zoroastro y de los parsis en los libros e inscripciones sánscritas de la India. En el Mahbarata (v.) aparecen unos Parasikas quizá relacionados con los parsis; también se encuentran referencias en diversos libros del hinduismo (v.). La influencia sobre Buda (v.) y el budismo, o viceversa, se conoce poco, pero no hay duda de que se hallan similitudes.

Algunos afirman que el dualismo, bastante acentuado en algunos sectores del zoroastrismo, ha evolucionado hacia un claro monoteísmo en los parsis por influencia del islam y del cristinianismo, e incluso del misticismo hindú (aunque es más fácil que sea el monoteísmo parsi el que haya influido en el hindú). Están bastante abiertos actualmente a la civilización moderna, con un espíritu muy emprendedor en las finanzas, el comercio y la industria. Su monoteísmo y buena parte de su moral, así como la práctica de la oración y el reconocimiento de la inmortalidad del alma, está entre lo más valioso de la religión parsi. Destacan el número de sus escuelas, hospitales y otras obras benéficas, en principio destinadas sólo a sus correligionarios.



GARCÍA GARCÍA.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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